Feminismos
Gastón Rosa.

La niña que no veían: la historia de una niña transgénero

Un libro refleja los desafíos que atraviesan las niñeces trans.

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Martina es una niña de seis años. Vive con su mamá, su papá y su hermano Bruno. Martina siente que a veces la tratan diferente, y no entiende demasiado cuál es la razón. Martina es una niña trans, y _La niña que no veían_ es un cuento infantil sobre su realidad. Este relato busca visibilizar la problemática de ser trans en un mundo heteronormativo, en el que la discriminación y la violencia per...
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Martina es una niña de seis años. Vive con su mamá, su papá y su hermano Bruno. Martina siente que a veces la tratan diferente, y no entiende demasiado cuál es la razón. Martina es una niña trans, y La niña que no veían es un cuento infantil sobre su realidad. Este relato busca visibilizar la problemática de ser trans en un mundo heteronormativo, en el que la discriminación y la violencia permean las trayectorias de vida de la población más vulnerada del país.

Gastón Rosa es el autor de esta historia. Es un publicista uruguayo que se radicó recientemente en Chile. En 2017 fundó Incluso, un proyecto creativo que busca generar contenidos sobre diversidad infantil orientados a la inclusión. Zapatos cambiados, una historia que tiene a un niño con síndrome de Down como protagonista, es su primera obra. Realizado también por Alfonsina Almandoz y Andrés Amodio, este cuento infantil invita a ponerse en el lugar del otro, a entender los desafíos que atraviesan las niñas y niños que viven con síndrome de Down. Es una invitación obligatoria para la empatía.

Su búsqueda siguió por las niñeces trans. La migración podría ser el próximo tema a abordar. La niña que no veían, ilustrado por Fabricio Berti (Cacciatore), se presentó el 6 de junio en Montevideo, en el Centro Cultural de España. Luego de este evento, la diaria dialogó con Gastón Rosa. “Me interpeló una entrevista de una niña española que decía: ‘Yo les explicaba a todos que era una niña y nadie me entendía’. Muy simple: ‘la niña que no veían’. Ese fue el puntapié; el título”, contó.

Este relato intenta aportar a la inclusión de minorías infantes. “No es un cuento para niños transgénero. Es un libro pensado para madres y padres que quieren que sus hijos aprendan sobre el valor de la diversidad, el respeto por los otros, la inclusión. Niños que puedan comprender a los demás, también para aceptarse a sí mismos”, comentó el autor a la diaria. Dedicado a empatizar con la situación de muchos de nuestros niños, el cuento refleja escenas inspiradas en la realidad, en esas situaciones en las que el problema está en la sociedad, en el mundo adulto.

En Chile el debate sobre la Ley de Identidad de Género ha generado que la discusión sobre la temática trans sea uno de los principales temas en los medios. Uno de los focos se centra en la posibilidad de comprender la cuestión de las niñas y niños trans y la necesidad de incorporar sus realidades a las normativas que se intenta aprobar en los distintos países para mejorar su calidad de vida. En Uruguay el escenario político es similar; una ley integral para personas trans está en debate en el Parlamento. “Creo que no hay visibilización de infancias trans en Uruguay, así que es una buena oportunidad para movilizar un poco el tema, ahora que estamos con el debate por la ley integral trans y pensando en que justo el mayor punto de tensión se da en torno a los niños”, dijo Rosa. Las niñeces trans uruguayas aguardan por una normativa que las comprenda y que genere garantías que impidan que sean expulsadas de todo sistema. Cómo se resuelva esta discusión determinará las trayectorias de vida de toda la población trans del país. Según el autor, este libro está dirigido a múltiples públicos: “Importa que todos lo leamos para comprender las diferencias. También para que todos los niños, sean cis o sean trans, puedan entenderse como diferentes. Todos somos diferentes en algo. Hay que celebrar las diferencias, la diversidad, el respeto por los demás”, expresó.

La niña que no veían está inspirado en historias que le contaron sobre varias niñas y niños. Para la estructura el autor marcó situaciones clave: qué pasa con esa niña que no ven. Por ejemplo, el profesor que la pone siempre con los varones para hacer gimnasia, la tía que sólo le regala autitos y las niñas que no quieren jugar con ella. Martina logra hacer su transición en la escuela. “Las historias en las que me basé para escribir este libro me las fueron contando distintas personas. En este caso alguien me comentó que su sobrina había ido a la escuela luego de hacer el cambio y en la puerta la recibió el director. Y eso fue muy importante para ella, porque significaba aceptación”, contó el autor. También está presente el momento bisagra, en el que los padres entienden. Desde ese día de “llanto con sonrisa” todo empieza a cambiar para bien. Padres que comprenden, que se emocionan. La idea del libro es documentar lo que pasa durante la transición: niña o niño que quiere ser, familia que no entiende, familia que comprende, pasaje a la institución educativa y de ahí a la sociedad.

Con la estructura del cuento armada, Rosa empezó a tratar de validarlo con personas que vivieron la transición de género en Uruguay y Chile, activistas y psicólogos especializados. Así conoció la fundación Selenna, en Chile, que es una organización de familias de niñas y niños trans que se organizaron para luchar para que sus hijas e hijos sean incluidos en el sistema y puedan tener infancias felices. “Me junté con Evelyn Silva, que es la mamá de Selenna, una niña trans que a los cuatro años hizo su transición. Selenna le dijo: ‘Perdóname por ser niña’, y a partir de ahí su mamá la acompañó en todo su proceso”. Rosa contó que Evelyn le cuestionó algunas cosas sobre el libro, como por qué era una familia tan tradicional. El autor le comentó que había tomado esa decisión para que no se busque otra explicación de por qué la niña era trans. “Estas cosas pasan en las familias tradicionales, no es una cuestión disfuncional”, explicó.

La fundación Selenna inauguró la escuela Amaranta Gómez, un espacio de educación no formal, pero sí reconocida. Cuando se fundó la escuela había cuatro niñas, niños y adolescentes (de cuatro, seis, 14 y 16 años). Ahora son diez. Muchas niñas y niños tienen que dejar sus instituciones educativas al momento de hacer su transición de género. Las razones son varias: a veces porque la institución los expulsa al no tomar acciones, manteniendo su nombre social y no el nombre que corresponde, otras veces por el bullying de sus compañeros, otras porque la discriminación sistémica es tan fuerte que se les hace insostenible sostener el espacio y mantener los estudios. Es así que, directa o indirectamente, son expulsados de los centros educativos. “Salir del sistema educativo a temprana edad condiciona todo. Las y los niños son expulsados a muy temprana edad. El derecho a la educación se opone al derecho a la identidad. Ahí empieza todo. Si el sistema educativo te rechaza, la sociedad te rechaza. Es posible que tu familia te rechace, te eche de tu casa, que no tengas ninguna posibilidad de desarrollarte”, explicó Rosa.

Para la escuela consiguieron profesores voluntarios y un lugar en un centro comunal donde dan clase de martes a viernes. Se preparan juntos para los exámenes y también para volver a la sociedad empoderados y fortalecidos. Tienen talleres de liderazgo, de sexualidad, y otros elementos que la educación tradicional no ofrece. En los talleres participan las niñas y niños con sus respectivas familias. “No se trata de un separatismo voluntario, es que no les queda otra. Por eso decimos que los preparan para volver, porque obviamente no quieren estar excluidos. Tratan de reducir los daños de la exclusión e intentan preparar a las niñas y niños para poder volver”, sostuvo Rosa.

La importancia de tener dónde reflejarse

Encontrarse en una historia cambia todo. “Sentir que sos algo”, cuando la sociedad toda te dice que no lo sos, cuando la discriminación va desde tus padres hasta la escuela. “Por eso, verte reflejado en algo te da la chance de pensar que no estás tan mal, que no estás tan loco, da una chance para que las niñas y los niños pueden desarrollarse saludablemente”, afirmó. “Cuando les acercas el libro, es muy fuerte. Esas caras y esas fotos son muy potentes, porque no tienen dónde reflejarse. En el momento en que están generando su identidad muchas veces son censurados, porque los padres, por más que lleguen a entenderlo, lo primero que tienden a hacer es corregir: dame la muñeca, toma la pelota”, explicó.

En la fundación Selenna se habla mucho de visibilizar sus imágenes y sus historias, porque no tienen por qué ocultarlas. “Para la autoestima del niño no está bueno. Acumulan una carga que no es suya”, sostuvo Rosa. Por eso están convencidos de que las niñeces trans tienen que ser visibles, también porque es necesario derribar mitos.

“La infancia trans no tiene nada que ver con la prostitución ni con las operaciones genitales. Es otra cosa. Son niñas y niños que tratan de vivir su identidad. Tampoco se está discutiendo sobre las hormonas o la cirugía en la niñez. Esa discusión es para la adolescencia y la adultez, cuando la persona ya está lo suficientemente formada como para decidirlo. Hay que dejar de preguntarse si se van a arrepentir o no, porque no hay nada de qué arrepentirse. Cuando nos referimos a abordar la niñez estamos hablando de dejar ser, no hay ninguna alteración que pueda provocar que la niña o el niño se arrepientan, porque en realidad no pasa nada, se está encontrando, está viviendo su identidad. Son cosas que pasan y lo que tienen en común todos es que empieza a expresarse y no hay forma de detenerlo, porque es su identidad. El problema se da justamente cuando no pueden vivir su identidad”, sostuvo Rosa.

Las maestras y directoras tienen que incorporar este libro como un material más, de la misma forma que llevan otras lecturas. “Los niños están en otra sintonía y al final somos nosotros [los adultos] los que estamos complicando todo. La oportunidad es ir a los niños y cambiar nuestros miedos, lo que les decimos, cómo los condicionamos para que puedan ser más libres y más felices”, dijo.

Tenemos una vida adulta trans que hay que resolver con política, con contenidos, con arte y con lo que sea. Pero también tenemos que abordar las infancias trans, para que no lleguen a la adultez con este margen de discriminación y violencia que tienen hoy. Es una deuda que tenemos como sociedad.

La niña que no veían está disponible, en edición limitada, en Escaramuza, Librería Pocho y Purpúrea. También se puede solicitar su envío mediante las redes sociales de Incluso: Facebook: /incluso.creativo Instagram: @incluso__ Zapatos cambiados puede descargarse gratis en https://drive.google.com/file/d/0B6anEEaljJ7UUV92NklKTGdFVEE/view

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