Manifestación de A Mis Hijos No Los Tocan en la marcha del 8 de marzo de 2018 de Montevideo. Foto: Manuela Albade

Rita Segato: “Fundamentalismo no es tener determinadas creencias, sino vincularlo con la política y trancar la historia”

Antropóloga dio una conferencia sobre género, fundamentalismos y política.

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La sala está llena. El público está compuesto mayoritariamente por mujeres jóvenes. La conferencia de Rita Segato es la más esperada de las Jornadas de Investigaciones Feministas y de Género, organizadas por Flacso Ecuador, con el apoyo de la Friedrich Ebert Stiftung. Llega al salón y lo atraviesa con dificultad por la cantidad de gente que hay en sillas, escaleras y pasillos.

Advierte que su ponencia será dolorosa, así que, para contrarrestar, pone a sonar “Sou tudo que um dia eu sonhei pra mim”, interpretado por Taissa Zim, en una versión feminista de “Samba que elas querem”, un proyecto que promueve la presencia de las mujeres en los escenarios de samba de Río de Janeiro.

Soy mujer, soy dueña de mi cuerpo y de mi voluntad. Fui yo que descubrí el poder y la libertad, soy todo lo que un día soñé para mí.

Rita Segato es una antropóloga feminista argentina. Vivió muchos años en Brasil, donde es miembro del Consejo Nacional de Investigadoras. En ese país fue coautora de la primera propuesta de cupos para estudiantes negros e indígenas, participó en la elaboración de acciones afirmativas para mujeres indígenas y fue docente en la Universidad de Brasilia. En Guatemala, formó parte del peritaje de delitos sexuales estatales.

Segato se define a sí misma como una “trabajadora de la palabra”. También como “autora”, en el entendido de que “construir palabras sirve para construir conocimiento”, un rol que no es típicamente femenino. Dice que “autorizarse es mejor que empoderarse”. Entre sus textos, se destacan Las estructuras elementales de la violencia, La guerra contra las mujeres, La crítica de la colonialidad en ocho ensayos y Contrapedagogías de la crueldad.

Su obra abarca la perspectiva de la colonialidad y la raza está en el centro de su pensamiento. Propone pensar la raza, sobre todo en base al género, poniendo en juego la interseccionalidad.

Esta autora sitúa la violencia contra las mujeres como algo que “va más allá de un asunto de varones y mujeres”, y que es parte esencial para entender el proyecto histórico del capital. Intenta interpelar a todos, pero en particular a los varones.

La influencia conservadora en la crisis brasileña

Comenzó su exposición contando que fue inspirada por el fundamentalismo cristiano y el conservadurismo actual. Apuntó a Brasil como el ejemplo más claro de estos cruces. Explicó que el frente parlamentario evangélico tuvo un papel central en la destitución de Dilma Rousseff, ex presidenta de Brasil. “En el impeachment a Dilma, 59 veces fue invocado Dios en los argumentos de los legisladores”. Dijo que “el papel de los evangélicos fue clave” y que el proceso fue “injusto, independientemente de lo que cada uno piense sobre su gestión, porque durante el proceso no se cumplió con la ley”.

Segato resaltó la vinculación entre la religión y la política en las próximas elecciones. Lula Da Silva, primero en las encuestas, es seguido por Jair Bolsonaro en intención de votos. “Bolsonaro es un católico de ultraderecha que está aliado a los evangélicos, también de ultraderecha. Apoya explícitamente el proceso militar en Brasil, ha hecho varios homenajes a militares y torturadores. Además, este personaje piensa en Alexandre Frota como compañero de fórmula”.

Frota es conocido por haber relatado un abuso sexual a una líder afroumbandista en televisión, en un país en el que “hay una mujer violada cada 12 segundos”. “Este crimen hediondo (los que tienen mayores penas en Brasil) fue confesado y aplaudido en televisión nacional. En Agora é tarde, un programa masivo que se emite los domingos, relató con lujo de detalles cómo violó a una mae”. Explicó que en esta escena se ve cómo la dominación sexual opera como civilizatoria. “Coloca a la mae en una posición violable, alguien que por su rol no debería serlo”.

También habló de la incidencia de la religión en la política legislativa, en particular en la discusión sobre la ley de educación. Entre otras cosas, el proyecto tiene un artículo que dice que “aquel profesor que hable de una sexualidad no correlativa al cuerpo podrá ser denunciado por sus alumnos y procesado”. Explicó que “esta ley criminaliza a los profesores que se animan a hablar de cuerpos que no determinan la sexualidad”.

Segato dice que el correlato de estas situaciones se ve en las marchas de organizaciones religiosas, como A mis Hijos No los Tocan, en todos los países de América Latina. “En México están las marchas de la familia, en Colombia se hizo visible su incidencia con los obstáculos que pusieron al acuerdo de paz, en Perú, Argentina, Chile y Uruguay lo vemos con los personajes que viajan diciendo que la ideología de género es algo ideológico”.

Una historia de opresión

Según Segato, el género es una categoría analítica que permite describir algo que está en la realidad. “Cuando la cuestión de género fue colocada la derecha hizo retroceder a la izquierda. Y nadie salvó nuestro tema”, sentenció.

Llegó a esta conclusión luego de que en abril de 2016, poco antes del impeachment, fuera invitada por la profesora y pastora luterana Annette Roese a dar dos charlas en la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais, en Belo Horizonte.

“Sabía dónde estaba parada. Creo en la pluralidad de posiciones y no fui a agredir, por eso evité hablar del aborto y de la heterosexualidad compulsiva; hablé de cómo se viene construyendo el feminismo indígena”.

Cuando terminó de hablar un hombre se levantó y entregó una carta al panel. También se la llevó al rector de la universidad, conocido por su apoyo al Partido de los Trabajadores (PT). Esta carta, escrita en español y firmada por Diogo Giménez, integrante de Infocatólica, fue distribuida mundialmente a través del blog de dicha organización. Sobre el firmante, Segato dijo que “es un personaje misterioso de la derecha, no hay imágenes ni información sobre él”.

“La Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais promoverá la ideología de género. Esta institución brasileña es la mayor universidad católica del mundo. Realizaron en esta ciudad un grupo de debates que promueven abiertamente la ideología de género en una de sus versiones más radicales. La doctora Segato participó en 2010 de una sesión del Parlamento que decía que la despenalización del aborto era un derecho humano. Es expositora del feminismo descolonial, entre otras cosas piensa que la heterosexualidad es una forma colonial contra la que hay que luchar porque genera violencia”, expresa la carta.

La antropóloga explicó que “con esto hay que razonar cuánto se dedica esta gente a estudiar lo que decimos”, y destacó que no son improvisados, sino que “estudiaron muchísimo para poder producir sobre lo que hacemos”.

La profesora que la había invitado a exponer fue víctima de acoso. Su página sobre investigaciones feministas fue eliminada, su materia fue retirada de la currícula y no recibió apoyo de ninguno de sus colegas de la universidad. 900 cartas de grupos de teologías feministas fueron enviadas al rector, pero no contestó ninguna. “El rector, siendo un pilar contra el impeachment y del PT, no se comprometió con la cuestión de género”. Según Segato, “en la coyuntura de enfrentamiento público entre la izquierda y la derecha, la víctima sacrificial terminó siendo ella”. Explicó que “en un contexto de conflictividad política lo que pierde siempre es la cuestión de género”. Así dice haber comprendido que “en la historia la opresión femenina y su relación con la política están ligadas”.

De fundamentalismos

“El fundamentalismo es una religión sin herramientas hermenéuticas, un canon que no se puede ni siquiera interpretar, que es simplemente la letra”. Segato explicó que “fundamentalismo no es sólo la lectura del texto sagrado, sino que es un soporte para algo que tenemos que entender mejor, que es la práctica política”.

“El vínculo de la mujer con la gran política es fundamentalista, asienta el régimen político en la dominación de las mujeres. La fuerte relación entre política y omisión de género se explica por la costumbre y la moral”, dice.

El fundamentalismo consigue tornar el orden político como inmutable. “Fundamentalismo no es tener determinadas creencias, sino vincularlo con la política y trancar la historia”.

Segato cree que “está instalada una cuestión fundamentalista para el control de la política y de las repúblicas” y que “fundamentalismo y guerra son sinónimos”.

Considera que la época del multiculturalismo está llegando a su fin y que “no tocó la usina de la concentración de poder, sino que creó élites (negras, LGBT, etcétera)”. “Nos hemos dejado seducir por las políticas de las identidades, que tuvieron una pedagogía democrática pero muchos límites. Hubo colonialidad dentro de los movimientos sociales, de los feminismos, del movimiento LGBT. La política de la identidad sirvió, pero es muy problemática, llegamos al agotamiento”. Siempre entendió estos proyectos como “de agitación y no de transformación”, porque “lo que logramos es nombrar las razas, los géneros, pero no logramos cambiar la realidad”.

“El sistema se movió porque hubo una pedagogía democrática”. Pero ahora “estamos frente a una perplejidad que incluso llega a la agenda”. También habló de “complot”. “En el mundo, de norte a sur hay prácticas que antes no estaban, pero como el principio de lo políticamente correcto cayó aparecieron estas expresiones”.

¿Quiénes son?

En las calles hay marchas de los dos lados. Están las marchas de los movimientos feministas y las “de las familias” o “contra los derechos”, como les llama Segato.

“Esas dos marchas no son lo mismo por una simple razón: el feminismo fue construyendo durante cuatro décadas discurso, militancia y acción, hasta llegar a las marchas del presente. Fue una cocina muy lenta y muy profunda, de una producción de pensamiento sofisticadísima. Las formas de activismo de hoy fueron fermentadas por más de cuatro décadas por las mujeres”.

Por otro lado, “las otras marchas que vemos ahora, las cristianas, aparecieron de repente, como mucho tienen cinco años. Hay una diferencia crucial que hay que comprender: ¿quién las puso?, ¿de dónde salieron?”.

Según Segato, la aparición de los antiderechos responde a “un proceso quirúrgico de captura de conciencias”. Dice que “se los capta y se los hace marchar para defender un mundo conservador”. “Hay que percibir que se trata de una agenda en la que lo que hace un minuto atrás era crimen ahora es una costumbre aceptada por la religión”, sentenció.

A la guerra

“Los monoteísmos siempre van a dar a la guerra, es inevitable. El monoteísmo acérrimo es contrario a la multiculturalidad, que nunca logró distribuir la riqueza realmente. La molestia fue la pedagogía democrática, porque dejó entrever que podemos tocar las relaciones basadas en la dominación patriarcal”.

Explicó que “los monoteísmos son monopólicos: único dios, única verdad, única justicia, única riqueza, única belleza”. Todos sus valores son únicos. Y “esa única verdad es funcional a la guerra, a las facciones religiosas, a un poder al que le interesa que haya guerra”.

“En nuestros pueblos latinoamericanos esas lógicas de verdad y no verdad pueden ser verdad simultáneamente. Lo diferente puede ser verdadero y posible al mismo tiempo. En nuestro continente es posible ser católico y pachamamístico. Esta lógica nos permitió sobrevivir a 500 años de masacre. Pero para las formas monoteístas eso no es posible, cuando vive uno el otro muere”. Expresó que “no se puede observar cómo el poder decide porque por definición es inobservable, pero podemos ver lo que hace con la realidad y cómo opera sobre ella”.

Entonces planteó: “¿Hacia dónde se dirige esa agenda que lleva a la gente a las calles? A la guerra, indefectiblemente. Porque donde vive uno no vive el otro. Si hay forma de aplicar un fundamentalismo religioso monopólico y poner esa agenda para que sea la guerra de unos sobre otros lo van a hacer”.

Segato cree que hablar de desigualdad en el mundo es insuficiente porque estamos ante un mundo con dueños. “En 2010 eran 288 las personas dueñas de la mitad de la riqueza del mundo. Hoy son sólo ocho personas; lo que asusta es el ritmo y la rapidez con la que cada vez menos personas son las dueñas del mundo”.

Cerró señalando que “los que quieren la guerra, los conservadores, son los dueños del mundo”. Al final “va a quedar uno sólo y no vamos a quedar ninguno, porque ellos no admiten que exista un otro”.

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