Lilián Celiberti, María José Olivera y Fernanda Olivar, en el cierre del debate de jornadas feministas.

El diálogo de los feminismos forma parte de una nueva cultura política

Diversos feminismos intercambiaron en el cierre de las Jornadas de Debate Feminista.

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Desde hace cinco años, Cotidiano Mujer organiza las Jornadas de Debate Feminista, tres días de encuentro que buscan “nuclear las esferas de conocimiento y de activismo feminista, no sólo desde lo académico, sino desde la militancia, con el objetivo de que el movimiento se vuelva más fuerte”. Este año el evento tuvo lugar entre el 11 y el 13 de julio en la Facultad de Ciencias Sociales y en la Intendencia de Montevideo. La organización de las jornadas fue compartida con el Encuentro de Feministas Diversas (EFD).

Lilián Celiberti, coordinadora del grupo organizador, explicó a la diaria que el fin de esta instancia es construir espacios de alianza e interacciones desde una mirada colectiva: “Este encuentro se genera para crear espacios de encuentro y diálogo de las diversas posturas”. Agregó que “está claro que entre los diferentes feminismos hay puntos de encuentro y de énfasis que cada una le pone a su lucha en particular, lo que trae la pluralidad al feminismo; eso nos enriquece”.

En esta quinta edición, fueron más de 20 las mesas de debate y talleres; además, hubo varias muestras fotográficas brindadas por diferentes colectivos. El cierre tuvo lugar en la Intendencia de Montevideo, donde, a sala llena, siete expositoras tomaron la palabra para explicar, desde cada subjetividad, la labor de cada colectivo, y así generar un espacio de intercambio y encuentro, donde predominó la diversidad.

Josefina González, integrante de Unión Trans y del Área Académica Queer, un grupo que trabaja temas de género y diversidad y que intenta acercar la academia al movimiento social y viceversa, tomó la iniciativa: “Para fortalecer mi identidad y transitarla de manera más amigable, me paro en una postura transfeminista. Al transfeminismo lo entiendo como una corriente inscripta dentro del feminismo que no se puede pensar sin el cuerpo, que abre las puertas a instalar diálogos sobre esos cuerpos que faltan. Existe una laicidad para pensar los feminismos de una manera más transversal; que no sólo se piense en el sujeto como mujer, sino que esa categoría se amplíe. Propongo como desafío cuestionar la categoría ‘mujer’ y que todos aquellos sujetos que nos inscribamos dentro de esa categoría podamos lograr trascenderla y ampliarla. El feminismo debe trabajar para enriquecer esa categoría y no para recortarla o limitarla. Hay una necesidad de seguirnos pensando diversas, juntas y libres”.

Luciana Cuitiño, de la comisión organizadora del Encuentro de Mujeres del Uruguay (EMU), centró su ponencia en el concepto de mujer, recordando que en el EMU se generaron espacios para cuestionar y pensar categorías dentro del término ‘feminismo’. Explicó que “el denominador común es que las mujeres somos diversas, por lo que el feminismo implica deconstruir la competencia y la fragmentación entre nosotras. La lucha es muy amplia y cada una la emprende desde su contexto y desde la opresión que más le afecta”. También dijo que “debemos construir un feminismo que escuche y que considere todas las experiencias como válidas; colocar todo dentro de un modelo único es lo que hace el patriarcado. Existen prácticas de esta índole dentro del feminismo, y hay que repensarlo. Nuestra opresión como mujeres es histórica, no tenemos que explicar nada. El feminismo implica ponernos a nosotras como centro de nuestras vidas. Esto es muy doloroso y lleva mucho esfuerzo, pero tenemos que intentar que no nos corran de ese lugar”.

Durante los tres días de las jornadas, en cada charla, estuvo presente la discusión por la reforma de la Ley 17.515, sobre trabajo sexual, y la necesidad de un presupuesto real, visible y suficiente para la adecuada implementación de la ley contra la violencia basada en género. María José Olivera Mazzini, del EFD, colectivo que apunta a la horizontalidad como eje, hizo énfasis en que ambos son temas urgentes para la agenda nacional. Agregó que en Uruguay existe una coyuntura que debe enfocarse en incorporar y respetar las necesidades e identidades territoriales de las mujeres migrantes, y que “necesitamos priorizar a las mujeres en situación de vulneración socioeconómica”.

La violencia basada en género tiene múltiples aristas. Hekatherina Delgado, del Paro Internacional de Mujeres, se enfocó en este punto. Dijo: “Todas las mujeres son sobrevivientes de varias formas de violencia: de la institución familiar, de la económica, de la religiosa, de la estatal, de los partidos políticos, de la prensa, de los varones”.

Diversas pero no dispersas

Previo a este evento, el año pasado se celebró en Montevideo el Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe (EFLAC), una jornada de gran magnitud, en la que participaron cientos de militantes durante varios días de debate.

Celiberti recordó esa instancia y comentó a la diaria que en el último EFLAC se concluyó que “hay una emergencia muy fuerte para el combate del racismo a nivel regional”. Explicó que “son necesarias las rupturas de los privilegios y desigualdades que se generan permanentemente, la lucha por los territorios libres y los megaproyectos, terminar con el ataque a la vida en el sentido amplio”. Dijo que esto “tiene que ver con la naturaleza” y que fue “muy criticada esta definición de un feminismo volcado a la naturaleza, un ecofeminismo, antirracista, antipatriarcal”. Celiberti considera que “los cuerpos y las libertades son vividas desde las subjetividades”.

El ecofeminismo estuvo representado por Lucía Delbene, del Colectivo Ecofeminista del Uruguay. Dentro de este pensamiento se considera a las personas como seres ecodependientes, parte de la naturaleza y por lo tanto dependientes de ella. Además, creen que “en determinado momento de la vida cada uno se vuelve interdependiente”. En ese momento, “para vivir dignamente se necesita de alguien que cuide de nosotros”, y afirman que “ese trabajo ha caído en hombros femeninos”. Delbene explicó que ellas “problematizan las lógicas actuales de desarrollo, que invisibilizan y se apropian del cuerpo y del trabajo no remunerado que hacen las mujeres, y de los bienes naturales de los que dependen”.

Por otra parte, Fernanda Olivar, de Diálogo Político de Mujeres Afro, destacó que dentro de su colectivo tienen como principal objetivo sacar a la luz las formas en las que las mujeres están sometidas social e institucionalmente. Explicó que “día a día, el acoso callejero y la hipersexualización son problemáticas que compartimos todas las mujeres”, pero acotó que “las mujeres negras lo viven de una forma más violenta, por esta idea arraigada en nuestro imaginario social de lo que es ser una mujer negra”. “De ahí que nuestros cuerpos, en constante colonización, estén irrumpidos y se vean violentados física y psicológicamente desde lo más cotidiano”, afirmó. Este colectivo además tiene como desafío “hacer visibles las condiciones estructurales de opresión e inequidad frente a sus propios compañeros, los hombres negros”. Ellos “también están atravesados por el patriarcado y el sexismo, a pesar de que por su simple condición de género se ven beneficiados ante las mujeres negras”. Finalizó diciendo que están “convencidas de que las transformaciones profundas solamente van a ser posibles desde una participación activa, diversa, no dispersa, desde lo colectivo”, y que “una mujer no es la representante de todas las mujeres; por eso es sumamente necesaria la polifonía en nuestras voces”.

En paralelo, Magdalena Bessonart, integrante de Ovejas Negras y representante de la Intersocial Feminista, una articulación entre varias organizaciones y espacios, sugirió que “quienes militan y politizan su identidad como lesbianas deben articular entre cada colectivo, porque nos mutilan para que encajemos en ciertos lugares que distan de la realidad”. Para esto, dijo que “es necesario y liberador que nos juntemos: el feminismo te enseña a quererte a vos misma y a tu cuerpo, y a los demás cuerpos”.

¿Dónde está todo lo que no encaja dentro del sistema patriarcal?

Josefina González se preguntó “¿Dónde están los géneros fluidos?” y explicó que “todas las identidades y subjetividades que no encajamos en ese modelo único y válido (masculino, hegemónico, heterosexual y blanco) somos oprimidas”.

“Los queers, las mujeres y los hombres trans no son tenidos en cuenta como cuerpos gestantes para el sistema legal”, dijo, en referencia al apoyo a procesos de reproducción asistida. “Estas personas siguen sin estar, su situación no está en discusión”. Puso énfasis en que “necesariamente tenemos que dar ese debate”.

La mesa concluyó que “los fundamentalismos y el conservadurismo actúan como fuentes reaccionarias sobre las plataformas de derecho que el feminismo genera”. “Las conquistas de derechos traen una reacción de violencia de los mismos sectores elitistas, conservadores, machistas, patriarcales que siempre han estado ahí y no van a dejar de hacerlo”.

Destacaron que “lo complejo es que se están apropiando de nuestros discursos y los están utilizando para sí mismos”. “Usan nuestros discursos pro derechos, pro libertades, fundamentando que ellos también tienen derecho a ser respetados, pero lo que hacen es reproducir el odio y la violencia históricamente aplicados sobre nuestros cuerpos”. Advirtieron que “no hay que confundir la libertad de expresión con la libertad de opresión”, y que “identificar esos discursos es sustantivo para combatir el odio y la desigualdad”. “Estamos hablando de Varones Unidos, A mis Hijos no los Tocan o Con mis Hijos no te Metas”.

Para cerrar, la síntesis de Celiberti fue que “mujeres tan diversas, a través del encuentro y las experiencias, generaron un clima de debate único, en donde cada lucha se hizo visible a nivel global”. “El feminismo fue el punto de partida para poder establecer lazos entre quienes buscan intensificar la lucha. El diálogo forma parte de una nueva cultura política”, concluyó.

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