En el marco de la sexta entrega de la serie de divulgación "Hacia una estrategia nacional de desarrollo Uruguay 2050”, se llevó a cabo la presentación pública de la publicación Construyendo el Uruguay del 2050 - Escenarios prospectivos: Sistemas de género, igualdad y su impacto en el desarrollo. Fue realizada entre el equipo de la Dirección de Planificación de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP) con el apoyo del Instituto Nacional de Mujeres (Inmujeres) y la Asesoría en Género de la OPP.

Álvaro García, director de la OPP, y Mariella Mazzotti, directora de Inmujeres, dieron comienzo a la muestra.

García explicó que Escenarios prospectivos se ubica dentro de la estrategia nacional de género para la igualdad, con una perspectiva enfocada en 2030. “Desde 2015 venimos trabajando con el presupuesto basado en género, la mesa de mujeres de ciencia y tecnología y el observatorio de violencia basado en género. Este tema, como eje transversal, abarca la importancia de la perspectiva de género”, indicó.

Por otro lado, Mazzotti recomendó pensar la política pública y de desarrollo “como algo que trasciende a las administraciones” y destacó la metodología de trabajo implementada, que planteó la inclusión de distintas miradas que enriquecieron la publicación. Destacó que fue la primera vez que Inmujeres fue invitado a participar en un trabajo de esta índole.

“Las políticas de género comienzan a ser concebidas por el Estado como políticas públicas cuando este empieza a reconocer los reclamos, planteos y agendas que provienen del movimiento de mujeres. Para el movimiento feminista, que las políticas de género tienen que ver con el desarrollo no es una novedad, lo que sí aparece como una novedad es que Uruguay está tomando la delantera en este tema y está siendo ejemplo en América Latina, algo que se plantea sistemáticamente desde los foros de Naciones Unidas”. La directora de Inmujeres aseguró además que “las políticas de género integran las políticas de desarrollo sostenible” porque “el desarrollo sin las mujeres no es posible”, aunque sostiene que para el Estado esta concepción es absolutamente novedosa.

Mazzotti concluyó su intervención diciendo que “las mujeres deben asumir sus responsabilidades como ciudadanas en todas las áreas (en la economía, en la política, en la cultura, etcétera) porque de lo contrario Uruguay no puede ser sostenible en términos de desarrollo integral”. Aseguró que todo esto impacta en las más diversas áreas: “Tiene que ver con lo económico, con las organizaciones de las familias, con el trabajo no remunerado de los cuidados, con la socialización de las niñas y los niños, con la posibilidades que tienen las adolescentes para insertarse a posteriori en el mercado del trabajo, entre otras”.

La violencia aparece como componente fundamental a abordar. “Destacamos la prevalencia de la violencia de género, que está presente en el ámbito público y es una de las expresiones de mayor desigualdad, cuestión que afecta a la economía, al mundo del trabajo y a la posibilidad de inserción de las mujeres”. Para Mazzotti este trabajo es sumamente importante porque “este plan nacional de desarrollo al 2050 va a abordar las brechas de desigualdad que existen en nuestro país”.

Cecilia Alemany y Soledad Salvador, autoras de la publicación escrita de este trabajo, forman parte del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre el Desarrollo (Ciedur). Ambas explicaron que la metodología de trabajo se hizo en base a tendencias históricas fuertes “para entender mejor el presente y darle sentido al pasado”. Hubo dinámicas participativas que abrieron el espacio para que más de 30 actores y actoras aportaran a esta construcción. Dos preguntas centrales oficiaron como eje: ¿cuáles son los factores que frenan la igualdad de género en el Uruguay?, y ¿cuáles son los factores que la promueven?

Identificaron 98 factores que explican la igualdad –y la desigualdad– de género en el país, en cuanto a lo económico, lo político y lo cultural. 72 de ellos actúan como “frenos a la igualdad”, mientras que 26 son considerados “impulsos o motores”.

A grandes rasgos, el estudio concluye que algunos de los frenos más visibles son: la falta de una política de empoderamiento económico, la discriminación hacia las mujeres en el mercado laboral, el hecho de que las decisiones del uso de los bienes y el capital están en manos de los hombres y la falta de corresponsabilidad en los cuidados, entre otros.

Las identidades, las dificultades en la transición a la adultez, que la educación formal mantenga el rol de género tradicional, y que en lo colectivo social persistan los estereotipos de género son también grandes dificultades para la igualdad.

Estas cuestiones frenan directamente la posibilidad de que exista una gobernanza de género y una participación paritaria de las mujeres en los altos cargos de los diferentes poderes del estado (a nivel nacional e internacional).

Según Alemany, para disminuir el impacto de esto “es fundamental la formalización de la participación sistemática de grupos de mujeres y feministas en los espacios de diálogo del Estado; también poder asegurar que exista presupuesto en la institucionalidad que garantice un enfoque de género”.

Salvador se centró en explicitar que la violencia de género es un problema social. “Más allá de las víctimas y los victimarios, la responsabilidad es social, y, por ende, erradicarla implica un cambio cultural”. Explicó que “los abordajes que consideran la cuestión de género se van consolidando” y que “hay momentos históricos donde la sociedad avanza más rápido que las instituciones, y viceversa; hoy esa articulación entre igualdad y desarrollo viene de la mano del movimiento feminista”.

En el panel de cierre, dedicado a comentarios, estuvieron presentes Mónica Xavier (senadora del Frente Amplio), Viviana Tellez (senadora suplente del Partido Colorado), Susana Pecoy (vinculada al Partido Nacional) y Fernando Isabella (director de planificación de la OPP).

Isabella remarcó que a lo largo de todo este trabajo “se nota el impacto que tiene el rol cultural que se espera de las mujeres y de los hombres por su género”. Explicó que la cultura y la economía son dimensiones determinantes. “La cultura tiene que ver con qué clase de proyecto de vida se pueden plantear las mujeres, y la economía, con la posibilidad de llevar adelante ese proyecto”.

Tellez agregó que “hay que luchar para cambiar la dimensión cultural identitaria”. La senadora suplente del Partido Colorado comentó “que el hecho de ser mujer está muy ligado a ‘ser mujer de una familia’, debido a los estereotipos tradicionales y de la sociedad patriarcal”. Según ella es importante crear herramientas que reviertan estas construcciones.

Para Pecoy, que es además la presidenta del Centro de Estudio e Investigación José Fabini, el condicionamiento que producen los roles de género se refleja, por ejemplo, en la asociación de determinadas carreras universitarias a varones o mujeres. Contó que es algo que vivió en carne propia cuando estudió ingeniería. Además, agregó que es muy importante el trabajo en conjunto de mujeres de distintas organizaciones o partidos. Contó que “previo a la salida de la dictadura, mujeres de todos los partidos empezaron a trabajar juntas” y que eso “fue un ejemplo que comenzó a replicarse dentro de los propios partidos políticos”.

Xavier finalizó la actividad aludiendo a la importancia de los espacios de participación que incluyen los temas de género. Comentó que es necesario que estas discusiones logren permear los ámbitos políticos. “Es totalmente necesario que estos temas estén en los ámbitos políticos para darle la dimensión que necesitan, porque esto es un tema de derechos. Muchas veces pasa que la sociedad tiene más visión de igualdad que los ámbitos políticos, por eso es fundamental que ambos ámbitos se integren”.