No es un día cualquiera en el templo de la mãe Blanca Sosa. Hay más movimiento que de costumbre. Quedan unas horas para la celebración y la barca está a medio hacer. En el piso, dos hombres serruchan un palo de madera que pronto se convertirá, quizá, en proa. En el otro extremo del terreiro inmaculadamente blanco, tres mujeres cortan telas azules. Todos visten de blanco. Pronto habrá que comprar las velas, las frutas, los merengues y el perfume para completar esa barca que, entre las olas, será ofrenda. Los colores que predominan no fueron elegidos al azar. El blanco es el color de Oxalá, el hijo directo del dios supremo en las religiones afroamericanas. “Es el que nos cuida, por eso su color está siempre presente”, explica la líder religiosa. El azul es el color de Iemanjá, la homenajeada del día.

Iemanjá forma parte del panteón de orixás de la religión africana yoruba y encuentra sus orígenes en el río Ogun, en Nigeria, mucho antes que el nacimiento del cristianismo. Los orixás son deidades creadas por un dios supremo, Olodumare, y se manifiestan en las fuerzas de la naturaleza: aire, fuego, tierra y agua. Iemanjá tiene el dominio de los ríos, los mares y los océanos, y es la madre de todos los orixás. Por eso su figura se asocia también a la fertilidad y la procreación.

Si bien Iemanjá forma parte del culto yoruba, es una divinidad venerada por otras religiones que surgieron en América Latina y el Caribe con la diáspora africana durante la época de la colonización europea. El culto atravesó los océanos en los barcos negreros y el sincretismo en cada región parió distintas religiones afroamericanas, como la que practican en el templo de la mãe Sosa, el candomblé, que nació en Brasil.

En Uruguay, uno de los cultos afro con más fieles es el umbandista, también de origen brasileño. El registro oficial más actual es el de la Encuesta Nacional de Hogares de 2006, en la que por primera vez se incluyó la religión como variable. Ese estudio reveló que 0,7% de la población uruguaya se definía como umbandista o perteneciente a otra religión afroamericana. Un total de 19.757 personas.

Sin embargo, la comunidad umbandista considera que esa cifra no refleja de manera fiel la realidad. En primer lugar, porque la pregunta que se hizo en la encuesta estaba, en su opinión, mal formulada. La diputada y líder umbandista Susana Andrade cuenta a la diaria que en su momento distintos grupos religiosos transmitieron la inquietud al Instituto Nacional de Estadística (INE), responsable del relevamiento de la encuesta. “Fuimos a decirle al INE que no hacían bien la pregunta, porque la gente que se reconoce practicante o creyente de alguna forma de religión de matriz afro no lo confiesa, por los prejuicios y porque se siente discriminada”, explica. Por esa razón, “por más técnicos y profesionales que sean los ingenieros de mediciones, tienen que consultar a la cultura. Cuando los portadores de la cultura les advierten que esa medición va a dar errada porque está mal hecha la pregunta, tienen que considerarlo. No lo hicieron. Esa es nuestra queja”, agrega la referente.

La mãe opina que esa “autocensura” de quienes practican el umbandismo se diluye, de cierta forma, cada 2 de febrero. “Estudios realizados por investigadores y en la prensa aseguran que ese día se nuclean alrededor de 500.000 personas en todas las playas del país”, dice Andrade. Y afirma: “Aunque les saques turistas, paseantes, investigadores y periodistas, la cifra sigue siendo mucho mayor a 20.000”.

Más allá de los problemas que planteó la Encuesta Nacional de Hogares, el número de fieles umbandistas también es difícil de registrar porque no todos los templos están inscriptos en el Ministerio de Educación y Cultura. Andrade es una de las líderes de la Institución Federada Afroumbandista, una de las más grandes y la primera que obtuvo personería jurídica en Uruguay. Según la mãe, esta institución nuclea aproximadamente a 80% de los templos, que son alrededor de 2.000 en los distintos puntos del país. Pero todos los números son estimativos.

El rito de los menos privilegiados

El culto umbandista es la veneración a la naturaleza, que son los orixás, y a los espíritus que integran esos dominios naturales. Nació el 15 de noviembre de 1908 en la ciudad brasileña de Niterói, en el estado de Río de Janeiro. Ese día, durante una sesión espiritista kardecista, el espíritu Caboclo de las Siete Encrucijadas se manifestó ante un adolescente de 17 años que estaba allí presente, Zélio Fernandino de Moraes, y le dijo que al otro día formaría una nueva religión que se llamaría “umbanda”. Sería la manifestación del espíritu “para la caridad”, dijo, y les hablaría “a los humildes”. La cuestión de clase quedó así marcada desde los orígenes.

La socióloga uruguaya María Victoria Sotelo Bovino analizó las relaciones entre religión y pobreza en su tesis de maestría e incluyó las principales conclusiones en La geografía religiosa del Uruguay, un trabajo que presentó en 2010 en el marco de las Jornadas de Investigación de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República. El análisis de la especialista, que se basó en los datos de la Encuesta Nacional de Hogares de 2006, reveló que casi la mitad de quienes profesan un culto afroamericano en Uruguay es pobre (48,5%). En el resto de las religiones, el porcentaje es menor a 30%.

El estudio también muestra que el mayor porcentaje de fieles que adhieren a religiones afro se concentra en Montevideo (son 1% del total de personas que viven en la capital), mientras que disminuye a la mitad en el interior urbano (0,5%) y se reduce más en las localidades pequeñas y zonas rurales del país (0,1%). Surge como excepción el departamento de Rivera, donde el fenómeno umbandista alcanza a 0,7% de la población, probablemente por la cercanía con Brasil y la influencia religiosa proveniente de ese país.

Templo Ile Oxum Opara de la Mãe Blanca Sosa, ayer, en el Cerro.
Templo Ile Oxum Opara de la Mãe Blanca Sosa, ayer, en el Cerro.

Otro dato que aporta el trabajo de Sotelo Bovino es que, en Montevideo, la presencia de umbandistas se encuentra en los barrios más humildes: Las Acacias (presenta 2,7%), Villa García (2,5%), Bañados de Carrasco (2,4%), Casavalle (2,4%), Cerro (2,3%), La Paloma-Tomkinson (2,0%), Jardines del Hipódromo (2,0%), Casabó-Pajas Blancas (1,8%).

“Esta religión surgió como una respuesta a las clases sociales humildes, por eso se la asocia a la pobreza, que no está mal porque creo que la intención de nuestro líder espiritual era que la clase pobre estuviera amparada”, reflexiona Andrade. Hoy en día “la abrazan personas de todos los credos que se sienten identificadas con esa forma de creencia, de todos los estratos sociales, colores de piel y edades. No tiene ningún freno en ese sentido”, agrega.

Que los grupos sean tan heterogéneos condiciona el horario de las sesiones, que suelen hacerse “según la posibilidad del templo”, según cuenta la referente umbandista, pero por lo general tienen lugar cerca del fin de semana y fuera del horario laboral. La idea es que nadie se quede afuera.

Liderazgo igualitario y apertura a la diversidad sexual

Esa voluntad de que nadie se quede afuera incluye a las distintas identidades de género y diversidad sexual. La mãe Andrade asegura que quienes practican religiones afrobrasileñas en Uruguay tienen que agradecerles a dos pais travestis por traer el culto desde Brasil hace 70 años. “Estas personas bailaban flamenco y llevaban su arte y su fe a teatros de distintos países limítrofes. Así, el culto afro vino de Brasil a Uruguay y, de la mano de ellas, fue también a Argentina”, cuenta la líder religiosa. “No sólo hay un espacio igualitario para la diversidad sexual en los cultos afro, sino que además debemos agradecerle a la comunidad por ser embajadora en nuestra religión desde los inicios”, insiste.

El año pasado, Andrade apoyó la campaña a favor de la aprobación de la Ley Integral para Personas Trans desde su banca de diputada pero también como líder umbandista. En su intervención durante el debate parlamentario, en octubre, Andrade dijo que “las personas de la diversidad sexual, especialmente las trans, son una realidad pujante y numerosa, y un fuerte componente de los cultos de matriz africana”, por lo que esta comunidad religiosa es “testigo desde siempre” de su “peripecia humana”. La líder dijo que las personas trans han encontrado en el culto afro lo que no han encontrado en “otras religiones que quisieron corregirlos, cambiarlos, juzgarlos y, en definitiva, condenarlos”.

“Los afroumbandistas sentimos profundamente la igualdad humana y rechazamos todo tipo de jerarquías culturales o sociales. Como toda religión, practicamos y predicamos el amor y la solidaridad. Pero no el ‘amor lástima’, el ‘vení que te salvo’ o el ‘te voy a curar la homosexualidad’, sino el de profundo respeto por el otro o la otra, que en definitiva es parte mía porque la comunidad es plural y nos identificamos también desde las diferencias”, agregó Andrade en el Parlamento.

El umbandismo es, además, una de las pocas religiones en cuya jerarquía los hombres y las mujeres no tienen distinción. En esto se diferencian de otras como la católica, la judía o el islam, en las que los altos puestos jerárquicos sólo pueden ser desempeñados por hombres. “En nuestra religión, la mãe y el pai no tienen diferencias de poder, todos tienen la misma función. El culto tiene diversidad de ocupaciones, pero ahí tampoco hay diferenciación de género, simplemente de tareas. Se le enseña a todo el mundo lo mismo. Para impartir el culto no hay ningún tipo de diferenciación. El único parámetro es el respeto por la gente y por el ritual”, explica Andrade. Y acota que el culto afro “tiene una reivindicación de la mujer en sus inicios”, especialmente en el candomblé, que “de alguna manera instauró un matriarcado en Brasil” desde el primer día. “El culto afro se rige desde una perspectiva de género”, agrega la mãe, “esa que necesitamos para poder equiparar un poquito todos los rubros de la vida en los que las mujeres hoy estamos subrepresentadas”.

“Yo digo que los cultos afro tienen mensajes muy buenos para la humanidad”, reflexiona, porque “es una religión democrática, porque del dolor de la colonización y de la esclavización tomó lo mejor. Umbanda surgió como una respuesta de amor al horror de la invasión, la esclavización, el despojo y el genocidio”.

La batalla contra el estigma

Al igual que el resto de las religiones afroamericanas, uno de los rasgos del umbandismo es el sincretismo, esa mezcla de creencias distintas que, sin embargo, le da a la religión una serie de características propias. Esta “nueva forma de religiosidad”, dice Andrade, se creó cuando los invasores europeos, los nativos americanos y los africanos esclavizados fueron forzados a convivir. La religión umbanda tiene componentes del catolicismo –que está presente en las imágenes de los santos–, tiene a los orixás yorubas, a los pretos velhos, que son los viejos africanos que imparten sabiduría en Brasil, y a los caboclos, los indígenas brasileños. El umbandismo también adopta cuestiones del hinduismo, como la teoría de la reencarnación o la ley del karma, explica la mãe, y algo de espiritismo, porque, para que el espíritu Caboclo de las Siete Encrucijadas pudiera manifestarse, tuvo que elegir un lugar en donde pudiera ser llamado “espíritu”.

El sincretismo con la religión católica es el que obligó a los cultos afroamericanos a celebrar a sus orixás según el calendario gregoriano. Esta es otra consecuencia de la esclavización. “Nuestras fechas quedaron olvidadas en África”, lamenta Andrade. El 2 de febrero se festeja Iemanjá porque es el día de la Virgen de la Calendaria, la santa de los faroles y los pescadores.

A la hora de hablar sobre la discriminación que sufren muchas veces los fieles de las religiones afroamericanas, y pese al sincretismo, Andrade apunta el dedo hacia el catolicismo, que desde la época de la colonización empezó a emparentarlas “con el demonio”. Por eso, dice la líder, “la gente no ve un templo, ve un culto satánico, lo cual es muy doloroso”. Cuenta que, incluso, a veces les preguntan si ellos son de “los que hacen daño”. “Es una pregunta sumamente ofensiva, porque no se la hacen a un católico, un judío o un musulmán”, reprocha.

Según la referente religiosa, esta “falsedad” fue y es también replicada por los fundamentalistas evangélicos, en principio para ganar poder y sumar adeptos. “Empezaron a vender que ellos mataban al demonio, y el demonio no tiene nada que ver con los cultos afro. Nosotros no tenemos en nuestra cosmología a una figura que represente el mal. Sabemos que existen la maldad y las energías negativas, porque también sabemos que hay energías positivas que son nuestros orixás, nuestros caboclos, nuestras guías espirituales que vienen a sacar de la gente todo eso malo”, explica Andrade. “En definitiva, te asocian al demonio, que es una construcción cultural cristiana, europea, occidental, que no tiene nada que ver con los pueblos originarios o nuestra América Latina, y sin embargo lograron mundializarla, universalizarla y asociarla a nosotros. Nos quedó ese estigma. Es imposible que alguien quiera emparentarse con alguien que es amigo del demonio. Es muy triste pero es una historia de postergación cultural histórica que se ha perpetuado”, asegura la mãe, antes de rematar: “Es una forma de racismo religioso”.