Milen está sentada en una silla azul, con las manos en la masa. Todavía no tiene mucha idea de cómo va a moldearla pero, en cualquier caso, está dispuesta a disfrutar del proceso. Hace una pelota, la pasa de mano en mano, la aplasta y finalmente la deja reposar en forma de un cilindro alargado. ¿Será un gatito, un árbol, unos panchos con puré? Las posibilidades son infinitas como los límites de su imaginación. “Hagamos unos ñoquis”, propone al fin, mientras enciende las hornallas de juguete, apoya arriba las ollas –una para la pasta, otra para la salsa– y empieza a cortar. Cuando ya no queda más masa, les hace las clásicas ranuras de ñoquis con un tenedor de plástico y los coloca cuidadosamente en la olla. Ahora, a esperar.

Alrededor de Milen, que tiene seis años, hay una decena de niñas y niños que juegan al jenga, colorean figuras, arman puzles o simplemente corren por el lugar. “Bienvenides”, les dicen las y los líderes adultos con un mensaje escrito en mayúsculas en el pizarrón. En unos minutos se sentarán en el piso a comer frutas y galletitas, la necesaria inyección de energía antes de seguir con una jornada de actividades que acaba de empezar.

No están en una colonia de vacaciones, ni en un club deportivo, ni en una guardería, aunque el espacio tiene algunas características parecidas: asisten niñas y niños de tres a 12 años, tiene un componente pedagógico, gira en torno a una propuesta lúdico recreativa y funciona durante las vacaciones. Es un espacio de recreación y cuidados creado específicamente para atender a la demanda de estudiantes, docentes y funcionarias y funcionarios de la Universidad de la República (Udelar) que no pueden cuidar a sus hijas e hijos durante las vacaciones escolares una vez que retoman sus actividades laborales o académicas.

La idea de crear estos espacios en las facultades empezó a germinar en algunas comisiones de género al ver cómo se multiplicaban los casos de compañeras que acudían a trabajar con sus hijas e hijos porque no tenían a alguien de confianza con quien dejarlos o no podían pagar por el cuidado. En 2017 la Facultad de Psicología fue la primera en poner en marcha el modelo, primero a cargo de la cooperativa Homoludens y luego coordinado por estudiantes de esa carrera y de Maestro en Primera Infancia. Desde entonces, se convirtió en un interés de la Udelar a nivel central, y los espacios se empezaron a multiplicar.

Hoy funcionan en 11 facultades: Arquitectura, Ciencias, Ciencias Económicas y de Administración, Ciencias Sociales, Derecho, Humanidades y Ciencias de la Educación, Información y Comunicación, Ingeniería, Psicología, Química y Veterinaria.

La mayoría de los espacios abrieron hoy y funcionarán hasta el 28 de este mes, de lunes a viernes, en un horario que se extiende de 9.00 a 16.00. Al mediodía hay un intervalo para el almuerzo, que está pensado para que sea compartido con las madres, padres o referentes adultos, que en todo momento deben permanecer en el predio del centro educativo. La coordinación de la mayoría de los espacios está a cargo de Homoludens, que desde hace más de una década se dedica a desarrollar proyectos lúdico-expresivos en ámbitos socioeducativos y comunitarios.

El espacio de Psicología sigue en manos de la práctica estudiantil y el de Humanidades es liderado por la docente Amparo Fernández Guerra. Para participar se requiere una inscripción previa, que se puede hacer en el sitio web de cada facultad o mediante un correo electrónico, según sea el caso.

Una alternativa accesible

Centro de cuidados para, hijas e hijos de funcionarios, docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias de la UDELAR.
Centro de cuidados para, hijas e hijos de funcionarios, docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias de la UDELAR.

La idea es que estas instancias sean lo menos costosas posible o incluso gratuitas, pero hoy en día depende de los recursos que pueda destinar cada facultad, porque la iniciativa no está presupuestada. “A fines del año pasado hubo un sobrante a nivel central y se hizo un llamado a las facultades que querían abrir el espacio. Pero, en la mayoría de los casos, que cada espacio esté abierto depende de la voluntad política y de los recursos con los que cuente cada facultad”, explicó a la diaria la docente e investigadora María Goñi, integrante del Grupo de Cuidados de la Asociación de Docentes de la Udelar (ADUR).

En la última convención anual de ADUR, celebrada a mediados del año pasado, este grupo redactó un documento en el que solicitó que los espacios de cuidados se incluyeran en el próximo presupuesto público, que todavía no fue aprobado. En el mismo informe, las y los docentes propusieron impulsar la generalización de este tipo de espacios en todas las facultades, diseñar una estructura similar para niñas y niños menores de tres años, y contemplar que la dimensión de cuidados se incorpore en todos los edificios que construya la Udelar, así como en los ya existentes.

Para Aline da Fonseca, docente del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales, de la Facultad de Ciencias, la existencia del espacio de recreación es “esencial” para todas las personas que trabajan o estudian en la facultad y “deciden formar una familia”, porque tienen la certeza de que pueden delegar los cuidados, “que siempre son un tema”. Es el segundo día que la profesora, que da clases en la Licenciatura de Geografía, deja a Manuel, su hijo de tres años, a cargo del equipo de Homoludens. “Le encantó”, dijo a la diaria mientras lo veía sentarse en el piso para jugar con las maderitas.

“Si no estuviera este espacio, tendría dos opciones”, reflexionó Da Fonseca: “Intentaría encontrar una colonia de vacaciones privada o contrataría a alguien para que se quedara con él en casa mientras vengo a trabajar”. El espacio de la facultad es más accesible económicamente, resalta, y lo valora como fruto del trabajo de sus compañeras: “Gracias a su lucha, tenemos que pagar una cuota pequeña que, comparada con lo que cuesta una colonia de vacaciones, es insignificante”.

Momento de encuentro, experimentación y disfrute

Cada espacio de recreación es un mundo y esto es, en parte, porque la propuesta del equipo de recreadores está hecha para adaptarse a lo que las niñas y niños tengan ganas de hacer. El énfasis está en la convivencia, la experimentación y, sobre todo, el disfrute. “Nuestra intención es reeditar la sensación de las vacaciones. De cuando te levantás, agarrás un juguete o te colgás dándole forma a la masa. Es esta idea de que pueden ir a buscar lo que está a su alcance sin pedir permiso”, explicó Soledad Sportuno, recreadora e integrante de Homoludens, a la diaria.

Pese a la flexibilidad, durante la jornada se pueden identificar algunos “momentos”. El primero es el “achique” o “bienvenida lúdica”, la instancia que se da desde la llegada de las y los niños hasta que empieza la primera actividad. Es el momento en el que estaba Milen, por ejemplo, mientras cocinaba los ñoquis en el espacio instalado en la Facultad de Ciencias. “Cuando llega la niña o el niño, se encuentra con una variedad de opciones: hay libros para leer, cubos para construir o masa para moldear, pero además se encuentra con personas que le dan la bienvenida, le preguntan cómo se llama y le preguntan qué le gusta. Es el momento de la invitación al juego y es vital”, explicó Bettina Nerguizian, otra de las recreadoras de Homoludens.

El segundo momento es una invitación a moverse, generalmente al aire libre, si la infraestructura lo permite. La consigna es que cada participante proponga una actividad que tenga ganas de hacer –desde jugar al manchado a leer un cuento–. Se arma una lista y luego las y los chiquilines votan. “Lo importante de esto es que son partícipes reales de la propuesta y son ellos los que se encargan de llevar adelante la actividad”, explicó al respecto Tatiana Tambasco, una de las integrantes del equipo en Ciencias. “La idea es que este espacio sea diferente de lo que hacemos todo el año en la escuela –escribir, leer, hacer los deberes– y también de la colonia, que tiene un cronograma más dirigido”, agregó.

Después se hace un corte de una hora para que las y los niños vayan a almorzar con sus familiares. “La intención de esto es que corten un poco, pero también que el niño o la niña pueda intercambiar con su mamá o papá sobre lo que está haciendo”, dijo Sportuno. “También está buenísimo para ellos ir al trabajo de su mamá y su papá, porque muchas veces no saben lo que hacen, entonces se enteran ahí. Es como un descubrimiento y genera un nuevo intercambio”, agregó.

El tercer gran momento son las instancias de “experimentación lúdica”, que generalmente son dirigidas por talleristas especializados en la temática, que puede ser música, danza, cocina, expresión corporal, expresión plástica e incluso circo. “La intención es que experimenten: no nos interesa tanto que salgan del taller de cocina con la receta de las galletitas, nos interesa que vivan la experiencia”, explicó Sportuno. “Si, además, aprenden la receta y la hacen cuando llegan a la casa, buenísimo”.

El foco en la igualdad

Centro de cuidados para, hijas e hijos de funcionarios, docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias de la UDELAR.
Centro de cuidados para, hijas e hijos de funcionarios, docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias de la UDELAR.

Para Sportuno, hay “algo de justicia social” en los espacios de recreación, en tanto “todos los que participan reciben la misma calidad”. “Las niñas y los niños que vienen pueden ser hijos del decano o de alguien que trabaja en el servicio de la facultad”, precisó, “y para todos hay lo mismo, tienen el mismo trato y se les va a pedir lo mismo”.

Para la recreadora, la propuesta apunta, en general, a “desmitificar un montón de cosas”, como el prejuicio de que las y los niños más grandes no tienen nada que hacer con las y los más chicos. “De repente, llegás a ese espacio y ves que se nuclean por el interés, entonces tenés a niños de tres años jugando a la masa con otros que tienen 12, y se genera algo bien interesante”, apuntó Sportuno. Por eso, no hay divisiones: ni por edades, ni por géneros. La única regla es que, sea cual sea la actividad, “todas y todos tienen que estar incluidos”.

La propia creación de los espacios de recreación busca revertir las desigualdades de género en el ámbito académico al promover la corresponsabilidad institucional en materia de cuidados, una tarea que históricamente recae sobre las mujeres. Permite así que docentes, funcionariado y estudiantes tengan las mismas posibilidades de participación –en todas las áreas y niveles de la Udelar–, sin distinción de género.

No es casual que las principales promotoras de los espacios de cuidados hayan sido las mujeres desde las comisiones de género. “Es un tema que es mucho más visibilizado por las mujeres que por los varones, porque dificulta las trayectorias de sus carreras académicas”, aseguró Goñi. “Hay varios estudios que dan cuenta de que las mujeres hacen más lento sus carreras o que muchas veces no asumen determinadas responsabilidades porque implica una dedicación de tiempo que no tienen, ya que asumen otras actividades de cuidados”, agregó.

La desigualdad de género fue uno de los principales puntos que abordó el Grupo de Cuidados de ADUR en la convención del año pasado. “Los cuidados han sido identificados como un factor determinante en la problemática de la segregación vertical de las mujeres docentes en la Udelar”, dice la asociación en el texto. Es un fenómeno “vastamente estudiado académicamente, pero poco atendido institucionalmente”. Para revertir la situación, plantean la promoción de campañas y talleres de discusión sobre los cuidados, que apunten “a generar procesos de transformación en las representaciones sociales relativas a los cuidados en toda la Udelar”, así como “a favorecer la corresponsabilidad de padres y demás familiares varones en las tareas de cuidados”.

En 2014, tres años antes de que la Facultad de Psicología abriera el camino con el primer espacio, la Red Temática de Género había plantado una primera semilla para la discusión sobre los cuidados dentro de la Udelar en el informe Políticas universitarias de conciliación con corresponsabilidad, que justamente abogaba por la incorporación de una perspectiva de género en las políticas de la Udelar. Una de las seis medidas que proponía la red en aquel documento para cumplir con los objetivos era la creación de “servicios para la atención de niñas y niños menores durante los horarios de trabajo, ya sea en instituciones cercanas al lugar de desempeño de tareas o mediante la concesión de una compensación especial destinada a solventar parte de tales gastos”.

Con el camino recorrido desde entonces, el objetivo ahora es seguir fortaleciendo el trabajo institucional para que no dependa, como hoy en día, de la voluntad y los recursos de cada facultad. “Y lo importante es que sea con perspectiva de género”, reiteró la representante de ADUR, “porque esto no es sólo para las mujeres, sino también para los varones. Hay que concientizar sobre el tema. Esta es una medida, pero hacen falta muchas otras, relacionadas a cambios culturales en la interna de la Udelar”. Para Goñi, la “palabra clave es corresponsabilidad: de la institución y de todos, varones y mujeres”.