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Adios, campeón

Corriendo por la derecha, fría, rápida y feroz, la muerte se metió entre él y la vida por ese hueco del que es imposible escapar. Una tarde de un mismo día, de un mismo mundo, se repitió ese silencio inmenso y único como aquella vez. Las lágrimas son para Alcides Edgardo Ghiggia, quien falleció ayer, víctima de un paro cardíaco, a los 88 años, justo el día en que se conmemoraban 65 años del maracanazo.

A tres pasos

Peñarol se quedó con el clásico y dejó tercero a Nacional, que de haber ganado podría haber quedado en solitario en la punta. Allí quedó River Plate, que en otro partido clave le ganó 2 a 1 a Danubio y se trepó a la máxima posición del campeonato. En otros partidos destacados, Rentistas le ganó 6 a 5 Defensor en un partido de sueños, Juventud empató con Cerro y Racing con El Tanque, y Miramar y Liverpool vencieron a Cerro Largo y Fénix, respectivamente. Ahora restan tres fechas que serán apasionantes, y eso también le hace bien a la competencia, más allá del sentimiento del hincha.

El básquet de siempre

Tenía cinco años cuando pisé por primera vez una cancha de básquetbol. Nunca me habían llevado a ver un partido, no tenía pelota naranja en casa. El médico recetó: “Señor, su hijo tiene asma. Deberá practicar deportes. Uno que le trabaje el pecho específicamente -natación o remo le van a hacer bien- y otro recreativo, que puede ser básquetbol, fútbol o el que desee”. Se aproximaba el invierno: fútbol y remo quedaron descartados. Nadé y tiré al aro desde aquella edad. Los amigos de hoy son los mismos con los que defendí aquella musculosa de tela fina y números bordados.

Llegando a vos

Apenas nacida, tu sonrisa lo iluminaba todo. Tenías los cachetes inflados, un poco de pelo, y dos bolones color miel como ojos. Apenas abiertos, apreciabas todo. Eras la más esperada de la familia. Todos querían una niña y llegaste vos, dulce. Al tiempo dabas los primeros pasos, siempre por el orillo de las cosas, agarrándote de todo mientras tambaleabas. Luego se escucharon tus primeras palabras a medio hablar, con señas y morisquetas de resignación cuando nadie entendía nada. Muñecas, cisnes, calesitas, y hadas con arcoíris. Tu viejo no olvidará jamás aquel primer día cuando tu mamá, cansada, te cedió en brazos para que te alzara. Nunca se olvida la primera vez.